Como ya deje escrito antes, odio el carnaval.
A pesar de esto, tengo que volver a disfrazarme por largo tiempo, lo que sea que me quede de vida.
De pirata feo, y de los que llevan el parche en el ojo no para atemorizar, sino para esconderse.
Como ya deje escrito antes, odio el carnaval.
A pesar de esto, tengo que volver a disfrazarme por largo tiempo, lo que sea que me quede de vida.
De pirata feo, y de los que llevan el parche en el ojo no para atemorizar, sino para esconderse.
toda la vida he presumido (entre comillas) de caminar por el mundo sin hacer daño a ningún tercero.(automaltratos muy aparte)
y casi siempre ha sido cierto, hasta que decidí compartir mi vida con otra persona.
todavía sigo asimilando que ya no decido por mi mismo, sino que ahora somos dos.
y ahora hago daño sin querer, aunque no por ello es menos excusable.
Culpable.
La fiesta pagana de la exaltación a Don Carnal es algo que no soporto.
Puede que sea debido a todas las caretas, narices y actitudes de payaso, muy correspondidas, con las que torpemente me disfracé durante algún tiempo.
El alcohol y las drogas hicieron añicos todos los disfraces, bombardeando al payaso desde dentro. Y trajeron un agradecido manto de silencio, cualquier cosa mejor que aquello.
Las drogas me salvaron.
Reírse de un payaso es fácil
desmaquillarlo
es mas difícil
el astigmatismo en el ojo derecho que me diagnosticó el oculista con 4 años hizo que pasase toda la niñez y preadolescencia con unas horrendas gafas ovaladas de las que ya nadie se atreve a ponerse, aparte de unos parches oculares ortopédicos marca Opticlude que tenía que ponerme varias horas al día en el ojo izquierdo. Para un niño inquieto, los parches eran una jodida pesadilla: con el sudor y el movimiento, todo el rato se despegaban. Al principio, me los quitaba un rato y cuando paraba de correr me lo volvía a poner, mas tarde lo tiraba a la papelera directamente cuando salía de casa.
el complejo (agravado por el resto de niños, ya se sabe) me duró toda la niñez, hasta que con 14 o 15 años tiré las gafas a la basura, y sin ellas estuve hasta pasados los 30, cuando me di cuenta que estaba cegato perdido y volví al oculista y a las gafas. Éstas ya eran con otro diseño mas atractivo, cuadradas y de color azul, pero seguían siendo un coñazo.
el segundo verano en el mar me di cuenta que jamás iba a poder hacer bien mi trabajo con unas gafas en la cara (para poder engañar a los bonitos hay que activar unos chorros constantes de agua que me empañaban los cristales) y sin gafas tampoco veía lo suficiente.
en 2016 me fui a una clínica privada donde, pagando una pasta, me operaron con láser. Que putada que en 1985 no existían los rayos láser para tratar los ojos o las almas, solo una mierda de hierros retorcidos que te desfiguraban la cara y unos parches pegajosos con los que se te quedaba pinta de pirata de hospital.
reconozco que fácil es echarle la culpa a todo lo externo, cuando quizás el problema siempre estuvo en lo interno
La ansiedad la he llevado a todos los terrenos y ha gobernado mi vida, a veces con satisfacción/motivación, como cuando empecé los estudios universitarios o cuando en secundaria tenía una pila de 8 libros que iba leyendo con fruición al mismo tiempo. Y las mas veces para desgracia, siempre sediento de lo que fuera. Incluso una sustancia psicoativa depresora, como el tetrahidrocannabinol, acabó provocándome ansiedad y consumo compulsivo.
Y sigo luchando, cada vez mas consumidor ocasional, aunque lo mucho o poco que haya avanzado no se lo debo mas que a mi mismo. Llévate de aquí toda esa mierda de libros de autoayuda.
Mi terapia está escrita en papeles y teclados.
Hela aquí.
Empecé a beber alcohol con 14 años, y con 15 ya había sufrido la primera intoxicación grave: 4 horas tirado como una piltrafa a las puertas de una discoteca a las 12 del mediodía.
El pueblo donde estaba mi instituto se paralizaba 3 veces al año, coincidiendo con el fin de cada evaluación, las discotecas y los bares de copas abrían a las 10 de la mañana y ya desde las 8 podían verse centenares de jóvenes con botellas en la mano (nada de cervezas o vino, solo licores fuertes). En las navidades de mi primer año en 3º de B.U.P. me caí desplomado en mitad del aula y tuvieron que sacarme entre varios compañeros, por supuesto perdí las notas. (me imagino las caras de estos milenials tertulianos y asustaviejas leyendo este párrafo y me da la risa)
Con las hormonas rebeladas y la piel ávida de roces, borracho solo conseguía espantar a cualquiera que se acercase, pero todo aquello me preparó físicamente para todo el automaltrato que vendría luego.
A pesar de todo, en aquellos tiempos el alcohol calmaba todas las ansiedades, porque mi pobre cerebro adolescente no conocía el cannabis ni la cocaína, ni el tabaco siquiera. Ahora tengo que tener cuidado cuando bebo porque armo al gusano de puñales y vahos de color morado y le abro de par en par las puertas de la fortaleza.
Muy frustrantes fueron aquellos años, aunque, con comas etílicos y todo, me sigo viendo a mí mismo como un chico inocente buscando soluciones extremas para viejos problemas: ansiedad y una dificultad casi insalvable para relacionarme con otras personas, totalmente insalvable en el caso de que la otra persona fuese una mujer.
Esa lección la aprendí demasiado bien.
Quisiera volver al alcohol algunos días ...
demasiado tarde, susurra el gusano ...