Abro los ojos. Intento que el subconsciente no me haya jugado ninguna mala pasada. La verdad es que me lavo la cara sin mirarme en el espejo. Algún dia lo haré y veré a un desconocido. Inhalo el humo destinado a las pipas de los dioses. Un moderno Prometeo no podría aspirar a mas. Salgo a la calle. El sol me molesta en la cara. Las farolas y los semáforos son palacios árabes con rubíes y esmeraldas. Todo parece bastante gris, pero en el autobús se sienta a mi lado una señora con su marido y su hija. La veo conversar con ellos y la bondad que desprende cubre todo el autobús como una niebla densa. Al bajarme pienso que hoy no necesito hablar con nadie, me iré a leer. El dia transcurre entre letras de un alfabeto confuso y desmembrado. Si se siente ahora pasar el tiempo. Me cubro con las sábanas hasta el cuello, buscando el calor que quizá no encuentre en otro lugar. Pienso otra vez en la señora del autobús. Sonrio. Cierro los ojos.
Madrid, 2002
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27 mayo 2013
29 noviembre 2012
Espejo de cuerpo entero
186 cm de estatura y cuerpo desproporcionado en forma de embudo inverso. Cicatrices de bisturís y tornillos en manos y costado. Cabeza tirando a redondeada con escaso pelo en la parte frontal, de color indeterminado dependiendo de la época del año, castaño en invierno y rubio en verano. Ojos grandes, también de color indeterminado que paradójicamente no enfocan nada bien, disimulados con unas pequeñas gafas rectangulares. Boca pequeña y labios finos, casi siempre rotos o cortados por el calor o el frío. Nariz grande, desviada a consecuencia de un desmayo y de un golpe de bruces contra el suelo en 1999. Dedos grandes y finos que podrían ser de pianista de no ser por la prótesis y la cicatriz, desde el inexistente nudillo hasta la muñeca, mencionada mas arriba.
Un físico amorfo a todas luces.
Un físico amorfo a todas luces.
31 agosto 2009
Descriptum (Ejercicio)
Las hojas color caoba se pegaban a la suela de sus zapatos. El traje raso,
abotonado hasta el cuello, hacia juego con la estación.
La luz del amanecer, entre las hojas de los árboles, hacia palidecer
exageradamente el rostro del hombre. La tristeza del otoño se reflejaba
también en sus ojos como nunca lo había sentido
La luz de la bujía apenas conseguía iluminar la estancia. El ambiente
era oscuro y seductor, para lo cual era imprescindible el humo que envolvía
el cuarto como una suave cortina.
La opacidad que reinaba, invitaba a la meditación y al descanso …
La cazadora de piel color marrón no conseguía disimular la suciedad y el
contoneo de los vaqueros azules, casi negros, resultaba excesivamente
grotesco como una bestia desdentada, ya sin ganas de luchar …
El insondable pantano de arena se extiende varios centenares de metros
alrededor. Las gaviotas y el aire son diminutas islas de vida encharcando
el cielo. Los pantalones cortos de mi amigo Roque, color verde, resaltaban
sobremanera en el paraíso color azul y amarillo. Los pies se entierran,
las huellas permanecen …
abotonado hasta el cuello, hacia juego con la estación.
La luz del amanecer, entre las hojas de los árboles, hacia palidecer
exageradamente el rostro del hombre. La tristeza del otoño se reflejaba
también en sus ojos como nunca lo había sentido
La luz de la bujía apenas conseguía iluminar la estancia. El ambiente
era oscuro y seductor, para lo cual era imprescindible el humo que envolvía
el cuarto como una suave cortina.
La opacidad que reinaba, invitaba a la meditación y al descanso …
La cazadora de piel color marrón no conseguía disimular la suciedad y el
contoneo de los vaqueros azules, casi negros, resultaba excesivamente
grotesco como una bestia desdentada, ya sin ganas de luchar …
El insondable pantano de arena se extiende varios centenares de metros
alrededor. Las gaviotas y el aire son diminutas islas de vida encharcando
el cielo. Los pantalones cortos de mi amigo Roque, color verde, resaltaban
sobremanera en el paraíso color azul y amarillo. Los pies se entierran,
las huellas permanecen …
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